lunes, octubre 27, 2008, 00:27

La mirada
a veces sincera como la gravedad de una estrella
invade por mucho tiempo los cielos.
El eco que se repite en las cotas del firmamento
y que asciende entre los reflejos.
La firme voluntad que surge entre la evanescencia de una mirada altiva que fue derrotada.
Cientos,
miles de millones de pensamientos.
El crepitar del incendio en un bosque imaginario,
la veneración al Sol, de un árbol, de una flor.
El adiós.




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martes, octubre 21, 2008, 01:57

Acabo de llegar de mi solitario viaje al otro extremo del mundo, de Nueva Zelanda, al otro lado de Australia. He subido a la torre más alta del hemisferio sur, la SkyTower de Auckland, desde lo más alto lancé un avión de papel blanco a la ciudad más extensa del planeta, que aunque solo tiene un millón y pico de habitantes, casi todas las casas tienen terrenito adosado. Por supuesto he visitado el War Memorial Museum de Auckland en el que pude ver todos los elementos de la historia indígena maorí, embarcaciones –wacas- y maravillosas esculturas, incluso tenían montado en el interior un templo tradicional de madera tallada. Desde allí fui a la isla Tiritiri Matangui, en el golfo de Huaraki donde disfruté con la alucinante visión de las aves más maravillosas que puedan existir en el planeta, era el parque marítimo del golfo, un lugar donde recuperaron espléndidamente los árboles autóctonos. Desde luego lo mejor fueron las playas radiantes de arena y aguas cristalinas y, aunque parezca increíble los buenísimos vinos autóctonos que degusté y los paseos por los olivares con olor a mar. Alquilé un gran descapotable rojo y me fui hacia el norte, Thames y Coromandel, donde me sumergí en el parque forestal más grande que he visto por ahí, y donde paseé las playas más hermosas, en las que se reflejaban flores rojas de copas de árboles cuyo nombre quise apuntar: pohutukawas. La selva enmarcaba el litoral hasta más de cuatrocientos kilómetros, me perdí por muchos senderos horas y horas. En la costa oriental me encontré con una playa en la que excavabas una piscina en la arena y tenias la sensación de darte un relajante baño caliente cuando te tumbabas en el agua burbujeante que afloraba a la superficie, después ya podías irte a las frías aguas que bañaban la playa con su leve susurro. Todo un sueño para un vagabundo local.
jueves, octubre 16, 2008, 01:57

Los segundos, los minutos, las horas,
lo que van contando los relojes.
El latido inerte de las obsesivas máquinas
parece extenderse por el techo de esta ciudad
flota en sus irisadas tinieblas.
domingo, octubre 12, 2008, 01:40

Una hora imprevista y alejada, un momento del tiempo que me sirva para caminar en todas direcciones por la cuerda floja de cualquier horizonte en busca de los destellos de otra luz desconocida, de otro ámbito fuera de mí, de un extraño rugido, de un esperanzador intento que se abra paso a paso a mis pies hacia el lugar de la devoción entre las dunas cálidas de la memoria en la que duermen secuencias infinitas. Que se despierten ya los alientos de lo que he querido y nunca fue, las voces que gritaban mil caricias distantes, el colapso del mundo por dentro, toda esta intensa llanura de extraños en la que naufraga esta vieja mirada mía.
¿Qué será de mí en la lejanía?
miércoles, octubre 8, 2008, 01:13

Cada vez que los hombres se alimentan del amor mueren estrellas en el fondo del mar y ya no parece razonable atender a las voces que avanzan en esta vida eléctrica, no, ni siquiera parece justo mirar alrededor de uno y permanecer en el fondo de la esfera como si fuésemos alimentos que se conservan para el futuro o tal vez el botín de un dios envenenado por un lapsus de lujuria.
Conozco bien las guerras del amor por las que se ha paseado la total desolación, conozco su sangre y sus heridas, conozco el patio inmenso de la soledad de su prisión.
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